Y hemos
acudido a Claudio Guillén (141-151), quien, con el ánimo de orientar las
genologías literarias, hace inicialmente una distinción, muy útil a nuestros
propósitos,
entre cuatro
conceptos: los cauces de comunicación (el contar, el cantar y el representar);
los géneros propiamente dichos (la tragedia, el poema épico, el ensayo, etc.); las
modalidades literarias como la ironía, la sátira, la alegoría, la parodia; y,
finalmente las formas o procedimientos literarios como la versificación, el uso
de escenas, etc.
Guillén también
propone una necesaria verificación de seis aspectos, frente a la cual (y sólo
frente a la cual) sería posible hablar con toda certeza de “género”. Estos
aspectos son: el aspecto histórico, es decir, la evolución del modelo; el
aspecto sociológico, es decir, su posicionamiento en la institución; el aspecto
pragmático, es decir, el tipo de “contrato” entre creador y receptor (las
reglas de circulación); el
aspecto
estructural, es decir, su funcionamiento intrínseco y extrínseco; el aspecto lógico,
esto es, el modelo mental con el que el escritor crea la obra; y el aspecto
comparativo, propiamente dicho, es decir su universalidad.
Sabemos que
el hipermedia narrativo no es un género como tal; pero sí puede considerarse,
en principio, como una expresión del cauce narrativo La idea de este estudio es
asumir por analogía, y a manera de pretexto metodológico, las consideraciones genológicas de Guillén, para obtener así una
descripción lo más completa posible de la práctica de la narrativa digital y de
sus connotaciones...
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